lunes, 16 de enero de 2012

El que se fue no es tan vivo, el que se fue no es tan gil: la migración en aves parte 1


Fig. 1: Bando de Chorlos Pampa (Pluvialis dominica) en la Laguna de Rocha.

Usted, que es un joven con mucho tiempo libre y le gusta disfrutar de la naturaleza, por qué no aprovecha su estado imaginativo y se pone a pensar en la fascinante vida de un ave migratoria? Imagínese volando a gran altura y dejándose llevar por las corrientes aéreas para ahorrar combustible (es decir azúcar), con un rumbo fijo. Seguramente ese viaje ya lo conoce, dado que desde su primer año de vida lo realiza. Quizá esté volviendo al lugar donde nació, sabiendo que cuando llegue, exhausto, tendrá que conseguir pareja para reproducirse. Bueno, en realidad lo primero que tendrá que hacer es alimentarse si no quiere desfallecer de inanición porque va a llegar con lo justo. Al principio de la migración no tendrá inconvenientes salvo su propio peso, porque se pasó lo últimos 3 meses comiendo y ahora su masa corporal es el doble de cuando llegó, lo que será su combustible para afrontar el viaje. Durante ese período, su cuerpo logró reducir al mínimo su masa muscular pectoral y del corazón, porque su actividad iba a ser mínima, aumentando en simultáneo la masa del hígado, intestino y estómago para procesar más eficientemente el alimento ingerido y generar tejido de reserva (adiposo). Una vez llegada la época de migrar, la transformación fisiológica fue inversa, su musculatura pectoral y corazón se hipertrofiaron con la finalidad de someterlos a la gran actividad del vuelo sostenido, disminuyendo la masa de los órganos de síntesis. Este comportamiento es típico del grupo de aves llamado playeros y chorlos (Orden Charadriiformes, Familias Scolopacidae y Charadriidae respectivamente) el cual se caracteriza por ser en su mayoría migrantes y de largas distancias. Salvo en la Antártida, están presentes en todo el planeta y particularmente el continente americano cuenta con muchas especies.

Fig. 2: Playero Batitú (Bartramia longicauda) en los pastizales de Salto.

Fig. 3: Malísima foto de Playerito Canela (Tryngites subruficollis), pero sin
embargo es la mejor que tengo. El bicho se encuentra en una mano humana
dado que fue capturado y está pronto a su liberación.

El Batitú (Bartramia longicauda) (fig. 2) es un ejemplo de ello. Esta especie es un playero de pastizal. Si, sé que suena extraño pero es así. Pertenece a la familia Scolopacidae (lo que lo hace un playero) pero a diferencia de la mayoría de sus parientes, el ecosistema en el que vive es el pastizal. Y no es el único, también lo acompaña el Playerito Canela (Tryngites subruficollis) (fig. 3), aunque este también suele verse en humedales, como la mayoría de los Scolopácidos y Charádridos. El ciclo de vida del Batitú comienza en la primavera boreal (abril a junio) cuando sus padres se aparearon y tuvieron pichones en los pastizales del centro de los Estados Unidos. Luego los alimentaron hasta el final de dicho verano (agosto) y ahí tuvieron que arrancar la migración hacia los pastizales de Sudamérica porque se les venía el frío otoño-invierno boreal. Luego de aproximadamente 2 meses de viaje, llegan a lo que será su área de invernada que está delimitada por el sur de Brasil, Paraguay, centro de Argentina y Uruguay (principalmente el noreste dado que los pastizales del sur están totalmente modificados). Durante esos 2 meses de viaje el Batitú realiza bastantes paradas a alimentarse y descansar, pero son muy breves. Estos lugares son estratégicos para su supervivencia, dado que los bichos llegan con un estrés muy importante. Luego de atravesar los 9000 km, llegan a destino en un estado calamitoso. Para recuperar la forma lo primero que hacen es ponerse a comer. Así van a estar todo el tiempo que pasen en el área de invernada, llamada así porque que vienen a pasar “su invierno”, aunque en los mismo campos que se los encuentra lleguen a hacer 40°C a la sombra. Luego de alimentarse por 3 o 4 meses (noviembre a febrero), los bichos se empiezan a ir (la migración es diferencial, no se van todos juntos sino que lo hacen por grupos) y otra vez a afrontar los 9000 km de viaje para llegar a reproducirse al centro de Norteamérica. Otras especies realizan migraciones más largas, como el Playerito Canela antes mencionado o el Chorlo Pampa (Pluvialis dominica) (figs. 1 y 4) que nidifican en la costa ártica de Alaska y viajan hasta Uruguay, completando 14000 km aproximadamente.

Fig. 4: Chorlo Pampa (Pluvialis dominica) en los pastizales de Salto.

Sin embargo, existen muchos ejemplos para ilustrar este espectacular atributo ecológico y evolutivo de las aves. Hoy en día, con el desarrollo de la tecnología se puede monitorear el vuelo de un ave desde una computadora. Mediante un transmisor satelital especialmente diseñado para este tipo de especies, se puede seguir la trayectoria del individuo a través de los satélites. Así fue como científicos neozelandeses descubrieron el mayor trayecto sin detenerse realizado por un ave. El mismo fue de 11500 km durante 9 días, viajando desde Alaska hasta Nueva Zelanda. El animal en cuestión fue un playero llamado Limosa lapponica, para el cual no tenemos nombre es español dado que no existe por estos lares pero sí tenemos un pariente muy cercano como la Becasa de Mar (Limosa haemastica) (fig. 5), que también es migrante (nidifica en Norteamérica).

Fig. 5: Becasas de Mar (Limosa haemastica) en Playa Penino, San José. Esta
playa se ubica en la desembocadura del Río Santa Lucía en el Río de la Plata
y es un sitio muy importante para aves migratorias.

Otro ejemplo maravilloso fue el reciente descubrimiento de la migración de una especie de Becasina (Gallinago media) que migra entre Europa Central y el África Subsahariana, completando un trayecto de 6400 km en 96 horas, superando en velocidad promedio de vuelo a la anterior. Y así hay innumerables ejemplos, dentro del mismo grupo de aves o en otros grupos, como los Passeriformes, Falconiformes (rapaces), Procellariiformes (albatros y petreles) o hasta incluso en picaflores (Trochiliformes) con sus escasos gramos de peso. Muchos de ellos llegan a Uruguay, a través de distintas rutas migratorias y en diferentes épocas del año. Pero esto y mucho más quedará para futuras entregas, ya que como alguien me dijo una vez: “los post muy largos no los lee nadie”.

Hasta la próxima!

*Las referencias bibliográficas fueron evitadas por un motivo de extensión pero se brindarán con gusto al curioso lector que las solicite.

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